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Reseña del disco Spirits de The Devil Makes Three
Demasiado tiempo ha pasado sin noticias discográficas de The Devil Makes Three. Siete años, dado que su anterior trabajo, Chains Are Broken, data de 2018. Por eso este Spirits es una auténtica sorpresa para sus seguidores que empezábamos a preguntarnos si alguna vez volverían a entrar en estudio. Los de Santa Cruz (California) siguen con su mezcla de blues, folk, americana, ragtime y algo de punk que los coloca en la liga de bandas como The Dead Youth, Old Crown Medicine Show. The Builders and The Butchers o Trampled By Turtles. Pero lo suyo se ha vuelto más introspectivo y algo menos saltarín. Siempre lo ha sido, pero en este Spirits aún se acrecienta la sensación. Dejan el humor para algún tema puntual como «I Love Doing Drugs» pero, en general, optan por hablar de la mortalidad y el duelo, de los hábitos destructivos o de la pérdida y la división social. Ahí tienen canciones enormes como «Ghosts Are Weak» sobre nuestros fantasmas internos para demostrarlo. Eso sí, no pierden ninguna de sus señas de identidad. Sean los instrumentos acústicos como el banjo o el contrabajo, los elementos provenientes del country-blues del Delta y el rag, y los ritmos adictivos con cierto groove que, sin ser la alegría desenfrenada de otros, tampoco permiten que te estés del todo quieto. Un buen regreso que debería tener continuidad en bastante menos tiempo.
Publicado en www.ruta66.es
Opinión de A Complete Unknown, el biopic sobre Bob Dylan
Algunos y algunas han manifestado que tenían ganas de conocer la opinión de un servidor – ya les avanzo que al no intentar ser objetivo vale tanto como la suya – sobre A Complete Unknown, el biopic sobre Bob Dylan estrenado este fin de semana en España, y con un montón de nominaciones a los próximos Oscar. Insisto, ni pretendo, ni voy a ser objetivo. Así que allá vamos.
Para empezar, y a pesar de estar teóricamente basado en un libro de Elijah Wald, me cuesta creerlo. La estructura puede ser, lo que se dice seguro que no. Wald es un escritor excelso en sus biografías y no creo que los cientos de concesiones que contiene el film hayan surgido de su pluma. Porque supongo que esperan que hable de eso ¿no? De las inexactitudes de la historia. Lo haremos, pero poco. Las hay para dar y tomar. Lo entiendo. Si quieren conocer la verdadera historia de Dylan- o la que él nos ha dejado – busquen un documental, mejor. Esto está pensado para las salas de cine, y como producto cinematográfico funciona. Cierto es que a veces se pasan, como en ese innecesario “Judas” en Newport, pero se comprende e incluso quizá como broma para los más adeptos también tiene su punto. Ha de gustar al gran público y eso sucede. Por cierto, la sala estaba mucho más llena de lo que servidor y parienta esperábamos. Me sorprende, eso sí, que entre la trilogía I Walk The Line, del mismo director, James Mangold, Elvis de Baz Luhrmann y esta cinta, la que menos fiel a la realidad es sea la que nos ocupa. No me extraña que el huidizo Dylan haya dado su beneplácito. Otro simple giro del destino ¿eh Bob?
Llegados a ese punto, al salir del cine pensé que había tres maneras de enfocar la película, y de paso tres posibles audiencias. Quién no sabe nada de Dylan o muy poco, puede salir encantado/a. Ya he dicho que como película funciona, aunque, y que nadie se enfade, he encontrado a veces ¡un exceso de números musicales! Aportan para construir la historia, como sucede con «The Times They Are A-Changin», pero creo que todos no son necesarios. Segundo bloque de personas, las que conocen bastante la historia oficial de Bob. Estas tampoco saldrán defraudadas. Siempre que no se dejen liar. Dulan es caleidoscópico de persé y no pretenderían una película que les aclare cosas. Y en el tercer bloque están aquellos teóricos expertos – aunque hace años que tengo la teoría de que nadie lo es por culpa del propio Dylan – que disfrutarán o no, según como se lo tomen. Si por una vez saben abstraerse de su obsesión y de esas permanentes inexactitudes lo pasarán bien, si no van a sufrir hasta el extremo. De ellos depende, claro.
Yo, que ya no se ni en qué grupo estoy, fui abierto de mente y salí encantado, aunque con ganas de hablar sobre la película y verla alguna otra vez para fundar más las opiniones. Pero, a veces, vale la pena dejar por escrito la primera impresión y a eso hemos ido. Timothée Chalamet está espléndido y no extraña su candidatura a la estatuilla. Parece que el hombre se tiró cinco años aprendiendo a ser Dylan. Lo borda casi siempre. Sobre todo, cuando habla entre dientes o con esas miradas tan dylanianas que parece que te atraviesan ¿Cuántas veces habrá visto este hombre Don’t Look Back? Deben ser cientos. También canta muy bien y solo falla levemente en esas notas que Dylan mantiene muchos segundos donde su voz se hace muy nasal y reconocible, algo que el bueno de Tim no consigue. Pero vaya, insisto en que está como mínimo tan bien como Joaquin Phoenix haciendo de Johnny Cash en I Walk The Line. Por cierto, y ya que estamos, Boyd Holbrook se marca un muy buen Johnny Cash en la película. No me convence tanto Mónica Barbaro como Joan Báez. De hecho, creo que le perjudica la ambigüedad con la que se explica la historia entre ella y Dylan. Primero ella se aprovechó de él y su repertorio, y luego él la trató fatal. Algo que no queda del todo claro en el metraje, a veces tratabillado ¿alguien entiende bien la escena en el Chelsea Hotel? La que sí está estupenda es Elle Fanning como Suze Rotolo (ella, eso sí, era mucho más fuerte de lo que aparece en la película), aunque en una de las cosas que menos entiendo la rebautizan como Sylvie ¡Si no han rebautizado a nadie! Leo que es una petición del propio Dylan porque ella siempre quiso estar en el anonimato. Pero vamos a ver…Si en 2008 antes de su muerte publicó un libro su vida junto a His Bobness. No es la mejor manera de permanecer en el anonimato. No entiendo nada, pero bueno…Y luego está Edward Norton como Pete Seeger. Él está fantástico. Siempre lo está. Pero su papel es con el que más libertades se han tomado. Parece directamente que sin Seeger no hubiera habido Dylan y queda convertido en el centro de todo. Es cierto que durante años se ha presentado a Seeger como el antagonista de la electrificación de Dylan. El hombre que coge un hacha para cortar los cables de la actuación. Wald defiende que no fue así, y probablemente tenga razón. De hecho, en la película, parece entender durante un momento lo que estaba haciendo el chico, algo que suaviza la historia más o menos oficial. Pero de ahí a ser un mentor y la figura clave de la carrera de Dylan hay un abismo. Lo fue de medio Village, leches. Otro candidato al Oscar merecido, aunque su papel sea demasiado poco ajustado.
Y para acabar, la escenografía es fantástica. El ambiente de Nueva York en los sesenta está clavado (supongo, porque no estuve, claro) y todo lo que se cuenta del ambiente folkie de Greenwich Village también. Así que andamos en los que están encantados con la película, asegurando que le daremos más visionados y no garantizando que podamos cambiar de opinión sobre algunas de las cosas aquí apuntadas a modo de vomitera gramatical. Seguiremos informando mientras, como leía – y ya me perdonará que no recuerde el nombre de quien lo firmaba – , Dylan sigue tras la película siendo un completo desconocido. Incluso más.
Prólogo del libro Honky Tonk Heroes de Javier Márquez
Prólogo de Eduardo Izquierdo
SINOPSIS: En los años sesenta, el rock y el pop arrasaban en las listas de ventas, y en Nashville, la capital de la música country, los ejecutivos de la industria decidieron plantar batalla. Para ello desarrollaron un sonido que tomaba la esencia del country pero la adornaba con orquestaciones y arreglos pop que lo
hacían más agradable para los mansos oídos urbanos. Y para lograrlo, debían controlar por completo lo que hacía cada artista.
En ese contexto, Waylon Jennings, Willie Nelson y Kris Kristofferson lideraron una revolución artística en la que fue clave la singular idiosincrasia tejana, estado en el que hippies melenudos con camisetas y zapatillas convivían, bebían y bailaban junto a rudos vaqueros con sus botas y sombreros.
Con Hank Williams como padre espiritual y Johnny Cash como referente directo, este grupo de artistas logró romper con lo establecido ?desde la música a la forma de grabar o de vestir?, e incluso romper con los poderosos sindicatos. Hacían las cosas a su modo, y por ello les apodaron Outlaws: los forajidos de la música country.
Bob Dylan, Gram Parsons, Merle Haggard, Emmylou Harris, Townes Van Zandt, Billy Joe Shaver, Jessi Colter, The Byrds, Guy Clark, David Allan Coe, Johnny Paycheck,
Rosanne Cash o el ?archienemigo? Chet Atkins son solo algunos de los artistas que se asoman a estas páginas, que recorren la historia de la música country desde la creación del programa seminal Grand Ole Opry, en 1925, hasta la última gira de los Highwaymen (el supergrupo de Cash, Nelson, Jennings y Kristofferson), setenta años más tarde.
Sílex Ediciones (en todas las librerías)
Reseña de Hotel Morgan de Morgan
Mucho se ha utilizado en las reseñas previas a esta la metáfora de las habitaciones como imagen que represente la variedad que encontramos en el nuevo trabajo de Morgan. Ayuda a ello su título, casi tanto como que su primer disco ya hiciera referencia a algo parecido al llevar la denominación de “Home” (Hogar). También aporta lo suyo el hecho de que ciertamente nos encontremos ante el trabajo más ecléctico de los cuatro que adornan su discografía en estudio, y la guinda la pone la mezcla de temas en castellano y en inglés, hasta hora lengua vernácula –con excepciones– de la banda. Habrá quien vea en todo lo dicho cierta dispersión y no lo culpo, aunque verlo como un síntoma de la riqueza que tienen en sus manos y en sus cabezas Nina, Paco, Ekain y Chuches no solo es más positivo, sino que me parece un enfoque mejor.
Grabado en los noruegos Ocean Studios y con Martín García Duque a la producción, Morgan nos aseguraban en la entrevista que publicamos en nuestro número de febrero que les gustan los discos que son un viaje, y este ciertamente lo es. Un viaje que comienza con la evocadora y corta “Delta”, en la que encontramos la siempre impactante voz desnuda de Nina, algo que no va a suceder demasiado en el resto de canciones. Y quizá ahí esté el gran pero del disco, en unas habituales voces dobladas que enturbian algo la excelente capacidad vocal de la cantante. Nada grave y que no puedas olvidar con un par de escuchas más. El mismo viaje que se cierra con “Final”. ¿Queda claro? Una canción demasiado abierta estilísticamente como para cerrar un disco de forma convencional, concepto que no cabe en el universo Morgan. Por en medio hemos pasado por el aroma a Stevie Nicks de “1838”, por la amplitud de “Radio”, un tema enorme en el que te puedes perder continuamente y que vale por sí solo por la compra de cualquier disco, o por la sencillez que tiene volver a las raíces más yanquis con el blues de “Arena”. Nos cruzamos con el pop en “Pyra” y con el funk en “Jon & Julia”. Otra vez ¿dispersión o variedad? Cojan la buena que es la que más les hará disfrutar.
Morgan crecen y crecen, y lo hacen de nuevo con este disco. Sin casarse con nadie. Porque no van a lo fácil, sino a lo que sienten. No les preocupa que insistamos desde la prensa en su pase al castellano, aquí mostrado con casi la mitad del track-list. Lo entienden. Porque están dispuestos a exponerse y aquí lo hacen de nuevo. Uno, que se enfrentó – más bien lo acogí, pero ya me entienden – al disco cuando fue publicado en su página web en diciembre, ve ahora como ha de escribir esta reseña a cuentas de su edición física, no solo después de hablar con ellos, sino habiendo leído lo que han escrito otros compañeros. Una ventaja que hay que aprovechar para citar las referencias que han utilizado otros y otras, y entre las que están los ya habituales al hablar de Morgan, The Band, pero también Bruce Springsteen, The Who, Mark Knopfler, Lou Reed, Jack White, Alanis Morissette o Sheryl Crow. Y aunque algunos nombres los vea más que otros, eso me lleva a pensar que en Morgan están todos y ninguno a la vez, y que eso es lo que hace grande a estas cuatro personalidades que se juntaron para dar forma a un auténtico rara avis, en positivo, en el panorama musical patrio. ¿Quién te espera en una habitación de hotel? que diría aquel. Morgan, esa es la respuesta.
Publicado en www.mondosonoro.com
Reseña del nuevo disco de Alfie Smith
Caigo en este disco de rebote. Simplemente porque la producción corre a cargo de Brandon Bliss, miembro de Monster Truck, que también toca Wurlitzer y B3. Y como en esos momentos que solo la música nos tiene guardados en la vida sufro una especie de flechazo que hace que no pare de escucharlo. Entonces investigo e, iluso de mí, descubro que Alfie Smith es cualquier cosa menos un artista novel. Nominado ¡12 veces! a los Hamilton Music Awards y representante de la Toronto Blues Society en el Blues Challenge de Memphis en 2010. Canadiense, como han podido comprobar ya, y como los Monster Truck, de Ontario. Excelente guitarrista y vocalista, en este Every Rome Needs a Nero – fantástico título – factura un blues con tintes de americana y algo de experimentación que lo sitúa en algún lugar entre Chris Smither y William Elliott Whitmore.
Crudo y pantanoso, Alfie compone ocho de las canciones del disco y se marca dos tesoros de versiones, el «Bird On A Wire» de su compatriota Leonard Cohen y un «Shake Sugaree» de Elizabeth Cotten que puede contener la mejor pista vocal de todo el disco. Variado, honesto y muy turbio en su concepción musical, su contenido va del americana acústico de «East End Girl» al blues de Nueva Orleans de «All The Blues I Need», tema que ya había grabado en el pasado, o ese medio camino entre la música zíngara y un afinado Tom Waits que es el tema titular. Estupendo letrista, Smith confiesa habitualmente que solo tiene dudas respecto a los arreglos de sus temas, y por ello se ha puesto en manos de un Brandon Bliss que llena su capazo de aciertos con cada tema que suena del disco. Mucho más que blues, solo hay que pedirle al músico algo más de actividad, ya que no sabíamos nada de él desde que en 2014 publicara Come In My Kitchen. Demasiado tiempo para tanta calidad, aunque yo no me hubiera dado cuenta.
(Publicado en www.ruta66.es )
Contenido de Mondosonoro del mes de febrero
En el número de febrero de Mondosonoro participamos por partida triple:
- Entrevista larga con Morgan (También disponible en web). Charla con tres de los miembros dela banda para hablar de su más reciente disco Hotel Morgan.
- Disco Recuperado: Dilate de Ani Difranco. Recuperamos el mítico disco de Ani Difranco, probablemente el mejor de su carrera.
- Reseña del disco de The Rumjacks. Buen disco de la banda australiana de punk & folk celta.

Se traduce al francés la novela gráfica «Clapton»
La editorial francesa «petit à petit» ha decidido realizar una adaptación al francés de la novela gráfica realizada entre El Ciento (dibujos) y un servidor (guion). La edición cuenta con una nueva portada a cargo de C.Condorelli que se encarga también de colorear los dibujos y la traducción de S. Desgasne.
La verdad es que ha quedado fantástico, y a nuestra historia se han añadido textos en presa sobre influencias y momentos claves de la vida de Clapton. Retitulado como Clapton Is Good consideramos todo un honor el trabajo invertido en una edición tan bonita.
Merci beaucoup!
Presentamos el libro de Eloy Pérez «¡A sus órdenes, mi Coronel!
Dentro de la colección Rocksound que dirigimos junto a Alfred Crespo en 66rpm, se acaba de editar el libro ¡A sus órdenes mi Coronel! La singular historia del Coronel Parker y Elvis Presley.
Este martes 28 de enero estaremos presentando el libro junto a su autor, y además amigo, Eloy Pérez, con el que hemos firmado algún libro conjuntamente (no este). Os esperamos a todos en la Llibreria Sonora de Gracia (Carrer Bruniquer 9, Gracia-BCN).
La entrada es gratuita, así que os esperamos a todas y a todos.
28 DE ENERO
LLIBRERIA SONORA
19:30 h
Modera: Eduardo Izquierdo
Autor: Eloy Pérez
Entrada gratuita
Crítica de The Ridge Trilogy EPs de Dean Owens
En febrero de este 2025, Dean Owens publicará su próximo disco, Spirit Ridge. Mientras lo hace se ha entretenido fusionando en un solo lanzamiento los tres EPs que lanzó a finalesde 2024 y que de alguna manera, avanzan sirven de adelantos del nuevo disco. El primero de ellos, titulado Ghost Walking, incluye cuatro temas entre los que destacan dos Radio Edits incluidas en Spirit Ridge y una pieza instrumental, «Sergio’s Kitchen» con aroma a spaghetti western que quedó fuera del mismo.
El segundo EP lleva por título Ridgeline. Y en él encontramos «Light This World» con John Convertino a la batería, dos temas descartados como «On The Ridge» y «Come With Me», y una versión acústica de «The Buzzard And The Crow» que sí estará, en su versión eléctrica en el álbum.
Y para acabar, Sacri Cuori, esta vez con cinco temas. «Spirit Of Us que sí estará en Spirit Ridge, una atmosférica declaración de amor muy Calexico. Dos inéditas, «True Of You» y «El Minuto», y dos tomas de tema sincluidos en el disco tal y como Owens las envió a Don Antonio, productor del álbum y colaborador habitual de Javier Escovedo, antes de desplazarse a Italia a grabar.
Una curiosa manera de presentar un álbum, ofreciéndonos antes los descartes y las maquetas que cumple su objetivo: despertar el interés por tener el disco final en nuestras manos.
(Publicada en http://www.ruta66.es)
Artículo sobre Alanis Morissette en Cuadernos Efe Eme
En el número 42 de Cuadernos Efe Eme, con portada para el gran Enrique Urquijo, escribimos un largo artículo sobre Alanis Morissette. Una publicación en la que llevamos escribiendo desde su primer número ¡sin habernos perdido ninguno! En el mismo volumen artículos sobre Los Rebeldes, la ELO, Robert Plant o los estudios Muscle Shoals, entre otros. Para hacerte con ella clicka AQUÍ.
Este es un extracto del artículo sobre Alanis Morissette:
«Durante un tiempo, Alanis Morissette fue la artista femenina novel que más discos había vendido de la historia. Sus canciones sonaban en todas partes y algunas de ellas son auténticas bandas sonoras de los noventa. Acaparaba premios que parecían ser inacabables para ella y sus composiciones. Copaba portadas. De las revistas de música y de las que no lo eran también. Era un referente para las jóvenes más rebeldes. Su apabullante voz era estudiada por los expertos, y aspirantes a músicos famosos como Ryan Adams se relacionaban – en todos los sentidos – con ella. Kevin Smith le ofreció en su película Dogma (1999) el papel de ¡Dios! Porque prácticamente lo era. Y, además, parecía ser la figura musical que había conseguido el eterno reto de cualquier artista: poner de acuerdo a la prensa especializada y al público, combinando en su música buenas dosis de comercialidad con una indiscutible calidad. Pero apenas diez años después de todo eso, Alanis se había convertido en una artista casi de nicho para lo que ella había sido, pasando de llenar estadios a hacerlo en arenas – espacios no superiores a 3000 o 4000 personas – y solo sus seguidores y seguidoras más acérrimas estaban al día de lo que pasaba en su carrera».









