Los Sureños No Llevan Paraguas

Sexo, Dios, armas, rock, racismo, familia, honor, historia, caballeros, ‘escoria blanca’, cerveza, pollo frito… Para comprender cómo millones de personas han votado una vez más –sin éxito en esta ocasión– por para mantener a Donald Trump en la Casa Blanca, es importante conocer las muchas singularidades de un puñado de estados que, desde los días de la fundación del país, ya compartían ciertos sentimientos y tradiciones comunes, pero que tras perder la Guerra Civil acabaron hermanándose
de manera natural para apuntalar un frente común: el glorioso Sur.

En palabras de los autores de este libro: “Pretendemos que cuando acaben estas páginas sepan cómo se vive y cómo se respira en el Sur; cómo son los sureños y, sobre todo, por qué son así. Para ello vamos a utilizar ejemplos que quizá no pasen de la mera anécdota, pero que ilustran muy bien su idiosincrasia. Vamos a pasearnos por sus costumbres, por sus ideas políticas, por sus grupos musicales, por sus escritores y escritoras. Vamos a abrir sus Biblias (y a volverlas a cerrar), a practicar sus deportes y a conocer algunos de sus más insignes ciudadanos, intentando extraer
de esos nombres algún rasgo que nos acabe ayudando a dar forma a ese monstruo de Frankenstein en el que hemos convertido al sureño”. A través de estás páginas, escritas con solvencia y conocimiento pero también con un afilado sentido del humor, los autores incluso intentan descifrar cómo es el habla sureña, “algo que por experiencia ya les aventuramos que resulta casi imposible”.


Muddy Waters Books publica un manual divertido, accesible y plagado de anécdotas sobre la peculiar cultura y estilo de vida en esa región, más emocional que geográfica, que es el Sur de EE UU. Este es un libro, por tanto, que pretende acercar a aquellos lectores que han nacido muy lejos de la tierra roja de Tara las contradicciones y claroscuros de una cultura que, precisamente por esa capacidad para generar lo mejor y lo peor, resulta fascinante para muchos. Está escrito con genialidad, libertad y desenfreno lingüístico por dos tipos que nunca han pisado el Sur, pero que lo conocen mejor que el botellero de su bar de cabecera