La semana que viene vuelve La Hora Chinaski, con su quinta temporada ya. 186 programas, hasta el momento y ¡1599 canciones pinchadas! Pero ¿os habéis planteado qué artistas han sonado más? Este es un top ten, en orden de más a menos apariciones. Seguro que alguno os sorprende.
No tenía clara la elección de la noche del miércoles. Weezer tocaban en Razzmatazz. Bright Eyes en Apolo. Dos conciertos que me apetecía ver, casi por igual. Había que escoger. Diversas circunstancias, y especialmente enterarme que la banda de Rivers Cuomo andaba cerca del sold out, con el calor que eso implica en la sala de Poble Nou, hicieron que optara por la opción del Poble Sec, con Conor Oberst al frente. No sin tener serias dudas. Tres veces había visto a la banda, dos magníficas y una…un peñazo. Por no dar vueltas innecesarias. Todo dependía del estado y las ganas con las que se presentara Oberst y, a buena fe, que salió a comerse el escenario. Cosa que hizo.
Apoyado por una banda magnífica del multinstrumentistas a los que solo les faltó tocar la gaita, los tres miembros oficiales de Bright Eyes ofrecieron una de las veladas del año. Huyendo de la lisergia y lo anodino, encararon el concierto casi como un show punk, dejando fluir lo mejor de su repertorio y haciendo las consecuentes paradas en su último disco el espléndido Five Dices, All Threes, publicado el año pasado, con cuyos “Bells & Whistles” y “El Capitan” arrancaron. Muy dylanianos, de por sí, en directo todavía lo fueron más, tomando como referencia al Dylan rabioso de los directos de la etapa cristiana. Más Ryan Adams que el Ryan Adams más eléctrico, Oberst aullaba y fraseaba con una magnificencia casi inexplicable y la banda, con unos vientos que nos llevaban a los Calexico menos cercanos a la cumbia, ponía la guinda a un muro de sonido implacable. Siguieron con “Four Winds”, para llevarnos hasta Cassadaga (2007) y luego “Gold Mine Gutted” nos trasladó a Digital Ash in a Digital Urn (2005). Solo por esos cuatro temas de arranque ya valió la pena la noche. Mientras, los comentarios que le hacía por la tarde a un colega – “como se ponga Conor muy plasta, me largo” – se desvanecían en los acordes de “We Are Nowhere”, esta vez de I’m Wide Awake, It’s Morning (2022), en un equilibrio casi perfecto entre lo mejor de su discografía y las novedades. A esas alturas, que Connor estaba cómodo, ya no lo dudaba nadie. Y eso era muy bueno. Con poco más de media sala, además, los asistentes, cómodos y fresquitos, habían entrado en el concierto como un torbellino. Además de las dos iniciales, ya citadas, del disco que venían a presentar también cayeron “Bas Jan Ader”, “Tiny Suicides” y “Rainbow Overpass”, y no faltaron grandes éxitos como “First Day Of My Life” de I’m Wide Awake, It’s Morning o “Soul Singer In A Session Star”, otra vez de Cassadaga. Sorprendió la presencia de “Jejune Stars” de The People’s Key (2011) y confirmó, con otros temas como “Road to Joy” que I’m Wide Awake, It’s Morning es probablemente su disco favorito de los grabados con su banda. Me decía mi compañero de velada, en un momento que “es como estar viendo a una de las grandes bandas americanas”, y tengo la sensación de que le sobró el “como”.
Por ponernos tiquismiquis, el final con “One For You, One For Me” en los bises fue algo deslavazado. Y tampoco podré perdonarles que, en Colonia, dos días antes versionaran a Ted Hawkins (“Sorry You’re Sick”) y a Warren Zevon (“Carmelita”). Pero claro, entonces todo hubiera sido tan perfecto…
Entrar en el universo de James McMurtry fue algo fácil. Lo hice en 2005 con Childish Thing, su séptimo disco en estudio si no contamos el directo Live in Aught-Three (2004). Un disco aquel que me descubría a un artista espléndido que reunía todo lo que me gusta: una capacidad asombrosa para contar historias, buen tino con las melodías, querencia por las raíces resumida en una admiración equitativa entre el rock americano de Bruce Springsteen y el country de Hank Williams…Todo era casi perfecto. Incluso sus discos. Y no dudé en hacerme fan. Poco a poco, después fui descubriendo algunos de sus secretos. Hijo del novelista Larry McMurtry, fue estudiante de literatura inglesa y español, con lo que las palabras tenían pocos secretos para él. Siendo joven se largó de gira ¡a Alaska! para presentar sus canciones, para luego volver a Texas. Pudo conocer a John Mellencamp en 1992, ya que estaba protagonizando la película Falling From Grace basada en un libro de su padre. Mellencamp interpretaba al cantante de country Bud Parks en un papel escrito a su medida. Eso lo convenció de convertirse en profesional, tras haber empezado a hacer sus pinitos en 1987 ganando un concurso de cantautores. De hecho, acabó interpretando la banda sonora de la citada película.
Si este duodécimo disco de James McMurtry no es su mejor trabajo, poco le falta. Se trata de su primer álbum en cuatro años tras The Horses and The Hounds, y ha sido producido por Don Dixon (Smithereens, REM). Con una portada dibujada por Ken Kesey y basada en recuerdos de infancia de McMurtry, encontramos 10 canciones (para qué más si son tan buenas), ocho del propio autor y dos versiones, la rockera «Laredo (Small Dark Something)» de John Dee Graham que abre el disco con un crudo retrato de las adicciones y «Broken Freedom Song» de Kris Kristofferson que cierra el álbum de manera sublime. Por en medio, el poder y el abuso aparecen en «Soul Texas Lawman», los desastres de la demencia en el tema titular, basado en la experiencia personal con su padre, el sueño americano en «Sons Of The Second Sons» y el peso de las decisiones tomadas en «The Color Of The Night». Mezclando humor e ironía, con referencias cotidianas y crudeza. Utilizando en su medida justa las guitarras eléctricas dándoles un buen colchón de acústica que, sin sobrecargar los arreglos, se mantiene elegante todo el disco. El propio McMurtry ha reconocido que el motor creativo de esos temas fue “el miedo a volverse irrelevante”. Y a buena fe que no lo ha hecho. La prestigiosa Saving Country Music le da un 8.3, y para mí que se han quedado bastante cortos.
Recordad que el martes 1 estaremos en Llibreria Sonora presentando From Elvis In Memphis. La última gran evasión de Elvis. Lo haremos con Joaquín Luque, presidente de Club Elvis, y las canciones de Agustí Burriel. Entrada gratuita. Os esperamos.
01 JULIO – 19:00 H
LLIBRERIA SONORA
Con la presencia de Eduardo Izquierdo, Joaquín Luque (Club Elvis) y Agustí Burriel (ETB)
«En el libro, Eduardo Izquierdo sorprende con un lenguaje coloquial en los nexos argumentales y sin florituras ni adornos en lo meramente informativo para, yendo al grano, contar la historia de quiénes eran, de dónde venían y a dónde pretendían ir«. RockSesión
Y esto es lo que dicen de nosotros antes de dedicarnos una hora de radio a pasarlo en grande con ellos:
Por fin El Rey ha llegado a La Taberna Musical. Y hemos esperado 12 temporadas. Aprovechando la edición de ‘From Elvis in Memphis’, la última gran evasión de Elvis’ (Efe Eme), hemos invitado a su autor, Eduardo Izquierdo para, de su mano, recorrer uno de los mejores discos de Elvis Presley
El Diario Montañés dedica un texto a From Elvis in Memphis. La Última Gran Evasión de Elvis:
«Efe Eme edita el libro que narra los entresijos que rodearon la gestación y grabación de ‘From Elvis in Memphis’, el cénit discográfico del cantante en su madurez (…) Deteniéndose canción a canción y en todos los detalles y anécdotas, sumerge al lector en las nocturnas sesiones de grabación y en las mil anécdotas que acompañan su gestación y las inmediatas residencias en Las Vegas«.
Fragmento de la crítica al libro From Elvis In Memphis publicado en RockSesión:
«En el libro, Eduardo Izquierdo sorprende con un lenguaje coloquial en los nexos argumentales y sin florituras ni adornos en lo meramente informativo para, yendo al grano, contar la historia de quiénes eran, de dónde venían y a dónde pretendían ir«.